Los pies son una parte del cuerpo delicada a la vez que susceptibles a dar un ascazo descomunal por culpa de algunos de sus dueños.
Algunas especies, como las aves, tienen las uñas largas de sus patas para poder posarse en las ramas de los árboles, cazar clavándolas bien en la presa para que no se suelte, etc. El ser humano no necesita las uñas de los pies largas puesto que no nos colgamos de palos o ramas ni queremos agarrar a nadie y clavarle las uñas para que no se escape… y menos con los pies. Y os preguntareis el porqué de esta explicación: pues bien, llega el verano y con él una multitud de seres humanos se enfundan en chancletas y sandalias mostrando sus uñas largas cuando es totalmente innecesario. Además de innecesario, hemos evolucionado creando podólogos, cortaúñas, raspacallos… y demás utensilios para cuidar nuestros pies y nuestras uñas, ya que crecen sin parar porque no las desgastamos con la caza como les pasa a otras especies.
Dicho esto, si alguien elije llevar las uñas de sus pies cual aguilucho, sería recomendable que no ocuparan los asientos del metro ya que pueden colgarse de las barras del techo y así dejamos a la gente mayor sentarse y optimizamos espacio. ¡Porque si te dejas las uñas largas no es para lucir bonito, es para utilizarlas!
También hay que mencionar que en los últimos años se ha puesto de moda una estética piecil que dicta que es precioso hacerse “la manicura francesa” en las uñas de los pies. Pues bien, para dibujarse esa línea blanca en las uñas, tenemos que dejarlas un poco largas… y ya volvemos otra vez al tema de utilización de las uñas prensiles. ¡Si te las dejas largas, úsalas!
No podemos finalizar este análisis sobre los pies sin mencionar el tamaño de las sandalias o chanclas. El pie tiene que caber DENTRO de la sandalia, es la misión de cualquier calzado que se precie: proteger el pie. Si llevamos medio dedo gordo fuera, lo único que conseguimos es acabar con la yema negra de mierda o acabar con la uña rota a causa de algún golpe desafortunado. Y todo esto por llevar el dedo gordo fuera, fíjense qué tontería, ¿verdad?
Algunos, en su afán de proteger el pie a toda costa, llevan chanclas 5 números más grandes del que les toca. El concepto de la misión del calzado lo tienen… pero disperso. ¡No se trata de proteger nuestros pies como si fuéramos a la guerra de Troya! Al final esos pies parecen unos mejillones al vapor dentro de un caparazón enorme…
Esperemos que el verano pase pronto y podamos volver a relajarnos porque vivo con temor a que cualquier día, dando un paseo por la calle, alguien me agarre con las zarpas por la espalda, despliegue las alas y me lleve a algún nido a darse un festín. ¡Estén alerta!






Desde finales del siglo XX y con la expansión de internet en los hogares, es más que probable que cada uno de vosotros, queridos e intelectuales lectores, tenga abierto un perfil en Facebook, Twitter, alguna cuenta de correo o de Paypal para realizar los pagos en Telepizza y así ahorraros la propina del repartidor. Muchísimas horas de vuestra vida perdidas delante de la pantalla para mantener relaciones cada vez más virtuales y menos personales que os permiten enteraros de primera mano de todos los movimientos de vuestros amiguetes.
